Evaki soñó que un hombre misterioso y salvaje hacía
el amor con ella. No consiguió verle la cara, y aunque quería hacerlo, el
placer la paralizaba. Despertó al llegar al orgasmo, y se asustó al sentir que
no sólo había sido un sueño. Pensó en la posibilidad de que un espíritu la
hubiese violado, pero desechó rápidamente la idea acusándose de ingenua. Aunque
no quería que fuese así, le había gustado. Y lo repetiría si pudiese. Se
incorporó y cayó de nuevo en la cama, mareada, al tocarse y descubrir semen en
su mano.
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Sasha soñó con su muerte. Cuatro desconocidos
cargaban con su ataúd. Esto la produjo tal impresión, que despertó súbitamente.
La posición en la que estaba cuando abrió los ojos la dejó temblando. Boca
arriba, muy recta, con las manos cruzadas por encima del pecho. Un escalofrío
recorrió su cuerpo. Trató de levantarse, pero algo se lo impedía. Y entonces
abrió los ojos. Vio que no era más que huesos, recordó que eso ya había pasado
y supo que se repetiría. Condenada a ver su muerte eternamente.
